Mamá, yo lo hago por ti…

 

Un amor ciego dice: Mamá, yo lo hago por ti…

No hay peor ciego, que el que no quiera ver…. El amor ciego, hace que perdamos de vista lo que tiene valor en la Vida. Sumergidos en el pasado, perdemos de vista el presente y con ello, arrastramos a nuestros hijos/as para que sigan nuestros pasos, aun en la desgracias.

El amor ciego, es aquel amor que te ancla a vivir en el pasado, en el sufrimiento en la culpa; un amor que se alimenta de la exclusiones y que te hace creer y sentirte separado de todo y de todos. El amor ciego dice: “Yo lo hago por ti mamá”, “Yo lo hago por ti papá”.

Es decir, el amor ciego, es capaz de “dar la vida”, y con ello creer que se alivia y/o elimina el sufrimiento de otros, sin embargo, al hacerlo, lo único que evidencia es la falta de reconocimiento y el irrespeto al orden dentro del Sistema Familiar.

Cuando no aceptamos el destino, aunque sea a trágico, de nuestros seres queridos y en vida asumimos su lugar, transgredimos el orden del amor. ¿Cómo pasa esto?

Tres leyes, principios, guían la conciencia familiar, en ello, el orden antecede al amor. Los que llegan primero al sistema tienen privilegios sobre los que llegaron después. Así, un hijo/a, que respeta este orden, tiene fuerza para seguir hacia adelante y triunfar en la vida.

Cuando nos sentimos sin fuerza y la sensación de vacío embarga, es bueno preguntarse: ¿qué lugar estoy ocupando en mi Sistema Familiar, en la Vida? Los padres son los primeros, estos dan la vida y los hijos que llegamos después la tomamos. El tomar la vida, significa, asentir a lo que ella nos traiga, ya que nuestra confianza la depositamos en aquel que sostiene la Vida, en Dios.

Cuando los hijos queremos dar, en vez de tomar, transgredimos el orden, por ende, esto genera un amor ciego, un amor que ocasiona desequilibrio dentro del sistema familiar, de igual forma cuando los padres reciben en vez de dar.

Cuando los padres no asumen su lugar de adultos, responsabilizándose de sus vidas, de sus traumas, sus heridas, siembran en las mentes de sus descendientes, la idea de que la vida, no tiene valor, y de esta forma, podemos encontrarnos con hijos/as, nietos/as, bisnietos, entregados al sufrimiento, la depresión, la ansiedad, las drogas, a la muerte.

Nada les motiva, nada les hace sentido en la vida, a través de sus vidas, están queriendo, “salvar”, la vida de sus padres, de sus ancestros, asumiendo un destino que no les corresponde.

Hijos/as, que prefieren sufrir, cargar las culpas, los traumas, resentimientos, rabias de sus padres, de sus ancestros, cuando los adultos/as, inmovilizados hacia la Vida, la rechazan, negados a sanar el corazón.

Cuando dedicamos tiempo, lugar, para adentrarnos en nosotras/os mismas, nos podemos percatar de que nada puede hacernos daño y de que  la sensación de separación y abandono que te lleva a “expiar y salvar” la vida de tus padres, tus ancestros, la sanarías, al reconocer que el otro, la otra, no está separado de ti, que en esencia somos uno solo y que el amor verdadero es  poder divino que invita a la inclusión,  el respeto al orden ocupando nuestro lugar.

Reflexiona: 

¿Qué y/o a quien estas excluyendo de tu vida?

El amor desde la esencia dice:

  • Mamá, te honro, tu eres la grande yo soy la pequeña.
  • Papa, te honro, tu eres el grande yo soy la/el pequeña/o

 

 

Ser, desde tu esencia.

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